Por León Trahtemberg
Supongamos
que un entrenador de atletismo tiene que formar a los alumnos de diversos
colegios aplicando el currículo ministerial
de atletismo, para que todos los alumnos logren las marcas establecidas por los
estándares internacionales de velocidad para la edad. Para ello le entregan un
plan de trabajo, horario, una guía con ejercicios y actividades que deben hacer
todos para que al cabo de un año alcancen satisfactoriamente los estándares
pre-establecidos.
Llegan a
cada clase grupos diversos de estudiantes con diversos biotipos: uno alto y
delgado, otro alto y gordo, otro bajo delgado, otro bajo gordo; uno con
discapacidad visual, otro con cojera por lesión, otro con polio; uno con alta
autoestima, otro con baja autoestima; uno expansivo y otro depresivo; uno viene
de ganar varios torneos y otro jamás tuvo una clase de atletismo; uno viene del
campo y otro de un apretado departamento; uno se alimenta bien y el otro es
anémico; etc. En cada colegio en el que
trabaja el entrenador encuentra diversidad de escenarios: en uno hay pista de
atletismo e implementos deportivos, en otro hay una cancha de césped, en otro
de cemento sin implementos ni baños y en otro ni siquiera hay espacio libre
para correr.
¿Tiene
realmente sentido asumir que toda esa diversidad de “atletas” puede responder a
un mismo plan de entrenamiento y abordaje técnico-pedagógico y alcanzar con todos
los alumnos a fin de año el nivel satisfactorio de logros pre-establecido por
igual para todos? ¿Se puede asumir que quien lo logra tiene más mérito que
quien no lo logra? ¿Se puede asumir que si un salón o colegio con un grupo A de
alumnos logra un porcentaje mayor de logro que otro con un grupo B de alumnos
es porque en uno hay un mejor profesor que en el otro? Etc.
Tendría
más sentido conocer las condiciones de inicio de cada alumno e interactuar con
él con las estrategias que le permitan desarrollar al máximo su potencial. Pero,
eso no es compatible con que todos logren en el mismo tiempo con las mismas
estrategias los puntajes prefijados por
los estándares comunes. Aquí, el rol determinante lo juega la capacidad del
maestro de personalizar la enseñanza y no los estándares abstractos
uniformes.
Fuente foto: colegio San Benito
Fuente foto: colegio San Benito

